Esa fue la sensación que dejaron la derrota de Argentinos Juniors ante Tigre por 1-0, el jueves 22, y el empate contra Boca por 0-0, el domingo 25, ambos en el Diego Armando Maradona.
El partido contra Tigre fue el primero de Néstor Gorosito en su vuelta a la dirección técnica del equipo. Sin embargo, aunque haya cambiado el sistema, no logró hacerlo con el estilo de juego.
Juan Sabia, Jefferson Hurtado y Miguel Angel Torrén en el fondo no se entendían. Les costó jugar en línea de 3, puesto que para que esta resulte bien hay que saber y estar acostumbrado a utilizarla. La jugada que Ezequiel Maggiolo, delantero de Tigre, le pegó de sobrepique desde tres cuartos de cancha fue un nato reflejo: después del rebote desde la mitad de cancha, Torren la dejó pasar para que la agarre Sabia, pero este iba retrocediendo y, sin entender a Torrén, dejó la pelota picando libremente para que Maggiolo entre en velocidad y le pegue fuerte al arco, muy cerca de marcar el primero de Tigre.
El equipo- completado por Pablo Barzola por derecha, Matías Laba y Gonzalo Prosperi conformando el doble cinco, Nicolás Berardo por izquierda, Emilio Hernández de enganche y Santiago Salcedo y Juan José Morales de delanteros- no fue más ni menos de lo que era bajo la conducción de Pedro Troglio. Se volvió a ver la falta de triangulaciones en tres cuartos de cancha, cayendo siempre en la misma forma de atacar: mediante centros.
Luego de un primer tiempo en el que tuvo que salir lesionado Ojeda y se caracterizó por la fricción en la mitad de cancha, llegó el gol de Tigre a los diez minutos del segundo tiempo, cuyo autor fue Carlos Luna, delantero del equipo visitante. Y fue derivado de uno de los tantos centros que vinieron desde la banda izquierda.
Sin embargo, contra Boca se vio un buen planteo. Metió mano Gorosito: Aunque las placas de la televisión decían que era un 4-4-2, la formación real fue un 4-3-2-1, con Prosperi, Sabia, Torrén y Berardo; Basualdo, Brum y Laba, Rius por derecha, Oberman por izquierda, y Salcedo como único delantero.
Y fue un cambio de sistema inteligente, ya que los tres mediocampistas no le dieron espacios a Riquelme y Erviti- complementado con las pequeñas dimensiones de la cancha- y ganaban la mayoría de las pelotas divididas. Con el medio superpoblado, Argentinos lograba avanzar desde allí, pero aún sin ideas, siempre terminando en centros. Se pudo apreciar triangulaciones esta vez, aunque sólo en los costados.
Por otro lado, las jugadas claras de gol se hicieron esperar; a los ocho minutos del segundo tiempo, un tiro libre, fabricado por Basualdo, llegó pasado para la aparición de Basualdo, quien la cruzó a ras del piso al segundo palo. Sabia, con intención de pegarle al arco, se la terminó devolviendo y este le pegó al travesaño.
Finalmente, el pibe Juan Ramírez se perdió la oportunidad de ser el héroe de la noche, luego de tirar afuera dos centros, habiéndole ganado en ambos la espalda a Facundo Roncaglia. Uno con la derecha lejos del palo izquierdo del arquero y el otro con la cabeza arriba del travesaño.
No es arriesgado decir que se está encontrando el camino. Un empate ante el puntero y mereciendo ganar lo justifica. Quizás la entrada de Emilio o Pablo Hernández por la derecha podría llegar a generar más juego, ya que su tendencia, por naturaleza, sería tirarse más al medio, pedirle ayuda a Laba y/o Basualdo en la creación, y de esa manera dejarle el espacio a la subida de Prosperi. Es decir, lo que Erviti hace en Boca; meterse para adentro y dejarle la banda libre a Clemente Rodríguez.
La actitud se vio y Argentinos casi le gana al puntero, que viene jugando muy bien e invicto en 19 fechas. La táctica pareció ser la adecuada. Ante Belgrano se verá si el Bicho puede hacer los goles que no le entraron el domingo.
"Por Yamil Alessio".